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Sistema Seguro RVS 34ª entrega: Nueva señalización digital.

 

Si en la pasada entrega abordaba la temática de los radares, proponiendo una estrategia diferente, este mes me gustaría avanzaros algo que ya he apuntado en algún momento: la oportunidad tecnológica en señalización.

Desde que se crearon los miliarios romanos hasta la mitad del pasado siglo, la señalización tenía mucho que ver con las direcciones y localizaciones geográficas hacia donde nos dirigimos. Desde la estandarización que se produjo a nivel europeo con la Convención de Viena (1968), conviven distintos tipos de señales en las que la parte normativa ha sido desarrollada en consonancia con las necesidades de movilidad que la sociedad ha ido teniendo.

Estandarizar la señalización ha supuesto un idioma común fácilmente entendible por todos. Basadas en formas y colores, las señales verticales pasan de la información en su versión cuadricular, al aviso de peligro en la forma triangular y a las circulares de obligación o prohibición, en las que la norma se manifiesta en su máximo exponente. Norma que en nuestro ámbito nacional queda impuesta en el Reglamento General de Circulación.

A modo de curiosidad, dos formas diferentes de las anteriores: la octogonal con su indicación de «stop» y el «ceda el paso», que, manteniendo la forma triangular, es la única invertida respecto de las señales de peligro.

Si echáis en falta el rombo, efectivamente, existe, pero más típico de otros países. Identifica igualmente el peligro  o advertencia del triángulo o vías con preferencia.

El pasado 10 de junio de 2025 la Dirección General de Tráfico (DGT) actualizaba el catálogo de señales. Y aquí es donde quiero trasladar mi propuesta. Se justificaba textualmente en «las necesidades del avance de infraestructuras y tecnologías de la movilidad«. Pero no es que la señal se vuelva tecnológica sino que viene a representar situaciones del cambiante entorno.

Perdemos la oportunidad de que pasemos a un sistema de señalización vertical en el que la señal (objeto físico) tenga otro formato. ¿Recordáis cuando se cambió la velocidad de 120 a 110 en autovías en el año 2011? Aquellas pegatinas o vinilos sobre las señales cambiando el dos por el uno.

Recordando esta iniciativa, basada en aquel momento por necesidades de eficiencia en el consumo de combustible (ahorrar), pienso lo sencillo que sería si la señal tuviera un formato digital en el que se pudiera cambiar la información al modo en como lo hacen los paneles en carreteras, principalmente las de alta ocupación (autovías, autopistas y rondas de circunvalación de ciudades). Al modo también en como comenzamos a verlas en tramos urbanos avisando incluso la velocidad a la que se circula o avisando de pasos de peatones (imagen de portada Seton España)

La propia DGT no ceja en su empeño de contar con una movilidad más conectada. La plataforma DGT 3.0 es su máximo exponente y medias como la polémica V-16 (la baliza luminosa) se argumentan también por esta enmascarada intención.

Seguramente se va a necesitar una inversión muy elevada, pero creo que el ir cambiando a estos formatos debería ofrecer muchas posibilidades. El internet de las cosas (IoT) permitiría dotar a estos elementos rígidos de una versatilidad tecnológica muy superior a la que podamos pensar a priori.

Incluso nos podría dar solución al dilema de la velocidad en vías de alta ocupación, que podría superar los 120 en según qué tramos y nivel de ocupación, algo que ya sucede en la realidad con vehículos que de forma constante superan los 120 en zonas no avisadas de radar, la inmensa mayoría. No digamos sobre la genérica de 90 en las carreteras convencionales.

Permitiría el cambio de la velocidad genérica de la vía incluso por circunstancias climatológicas y otras razones. Como si necesitáramos volver a consumir menos combustible; no tendríamos que estar poniendo pegatinas 😉. Recordando en todo momento que son formatos circulares con prohibición u obligación según su combinación con colores rojos o azules respectivamente.

Y como me he propuesto, en estas entregas de sistema seguro voy a hacer propuestas bastante disruptivas; obviamente la señalización sin facultad coercitiva no tiene mucho sentido. Por ello sumo esta propuesta a la pasada de primero de febrero en la que proponía no avisar de los radares.

Respecto de la inversión, muy elevada sería. Y no se podría acometer en un plazo corto, pero sí podríamos empezar pilotando carreteras y tramos en los que validar esta nueva estrategia de señalización que considero que siempre sumaría. Tenemos 165.000 kilómetros de carreteras. Fijaros en cuantas señales veis por cada kilómetro y multiplicar🤔.

Ahora bien, ¿en cuantas de esas señales se necesitaría este formato digital?: no serían tantas. Calculando que fueran cuatro por kilómetro, estaríamos hablando del cambio o adaptación de 660.000 señales. A un coste de 500€ por señal, la inversión sería de 330 millones de euros. Se estima un déficit de 13.000 millones en el mantenimiento de las carreteras. Por seguros se recaudan cerca de 7.000 millones anuales en primas para atender a la responsabilidad civil de los siniestros viales cuando son exclusiva responsabilidad de los conductores. Por multas se recaudan anualmente más de 500 millones anuales (sin contar con las de ayuntamientos).

¿Creéis que al menos merece la pena plantearlo? Mis cálculos sobre el coste de la inversión es simplemente un estimado por mi parte, nada científico. Que los business case a los que estoy acostumbrado son de otros negociados.

Feliz domingo.

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