Sistema Seguro RVS: 28ª entrega: Que la vida no sea algo cotidiano
Que la vida no sea algo cotiniano.

Estos días pasados me sorprendió el anuncio televisivo de Matías Prats con Ponle Freno en el que se hablaba de más de mil fallecimientos en nuestras carreteras.
El dato no es erróneo, de hecho, fallecieron 1.154 personas. Pero eso fue solo en zonas no urbanas. Si sumamos los fallecidos en ciudad nos acercamos a casi dos mil: 1.806 vidas perdidas (año 2023).
Tengo la sensación que buscamos más el eslogan o la campaña cosmética que trasladar a la opinión pública la gravedad de los siniestros viales.
Ponle Freno de Atresmedia y Fundacion AXA son una de las plataformas que más y mejor han hecho por trasladar a la sociedad un mensaje de prevención y concienciación sobre el riesgo vial.
Pero como pasa a los profesionales con el término “accidentes” en vez de “siniestros”, hay cuestiones que están tan arraigadas que son difíciles de cambiar.
Y arraigado está desde mi opinión la sensación de que el derecho a la movilidad y la libre circulación de vehículos ha de contar con el peaje de víctimas inocentes y vidas perdidas en cualquier caso.
Además de las personas que sufren graves lesiones, sean o no causantes del siniestro. Seguro que pensamos que cada siniestro de forma individualizada se puede evitar. Pero no la situación en su conjunto.
No creo que nadie, más allá de quienes trabajamos en esto, piense que esto se puede evitar. Relativizar las víctimas como solemos escuchar en los balances de la DGT en relación a los millones de desplazamientos tiene el mismo efecto. Es una forma de justificar un ligero margen de mejora que no los es tal si echamos la vista atrás. O la vista hacia adelante, porque las 15 personas que mejoraron este verano respecto de 2024, vemos que en septiembre se han quedado casi a cero en el neto de mejora.
Tampoco justificarnos en las conductas “inevitables” de quienes toman un vehículo y comenten graves imprudencias, en muchos casos asociados al alcohol y drogas.
Sus consecuencias penales son distintas, pero no se diferencian en la responsabilidad civil de quienes se duermen, se distraen o de quienes no tienen la suficiente pericia ante una situación complicada o percepción en un cruce.
También el estrés, las prisas, el trabajo o actividad profesional, incluso hábitos aceptados por la ciudadanía como ciertos excesos de velocidad, causan las mismas consecuencias que las de un conductor bebido.
Quiero decir que el #sistemaseguro no deja de hacerse imprescindible también ante esta aceptación social de los siniestros. Se trata de minimizar el impacto del error humano y la vulnerabilidad de nuestra capacidad física. Pero también sacarnos de un estado de letargo y aceptación que traemos desde 2014…una década ya.
Si nos bailan ochocientas muertes en un mensaje mediático, si perdemos de vista el impacto en la ciudad, si desconocemos que la mayor parte de los siniestros graves son simples y comunes errores de los conductores o usuarios de la vía, no seremos capaces de reducir y llegar al objetivo cero hasta que los vehículos carezcan de conductores humanos.
Y eso que en estos momentos sólo espero regresar a la senda de reducción progresiva de los siniestros graves en cada año que pasemos.
Acabo de leer a Pepe Mújica en una entrevista, obviamente no relacionada con el riesgo vial, pero sí con el vital, y esas palabras tienen su sentido. Dice el extraordinario pensador a los jóvenes: “Que amen la vida”, “para cada uno de nosotros haber nacido es el único milagro que hay en el mundo, pero como la vida es algo cotidiano, en el fondo no le damos el valor que tiene” a ese milagro que es la vida.
Y la movilidad, que es muy cotidiana, nos hace perder de vista ese milagro que es la vida, la propia y la ajena. En fin…😔 para reflexionar 🤔


