Ni que decir tiene encontramos en la ciudad con dos nuevos modelos de movilidad asociados a negocios emergentes, de hace muy poco, como lo son el transporte de vehículos con conductor (los VTCs: Uber, Cabify…) y la última milla o actividades de reparto.
Un riesgo que aplica en buena parte a los vulnerables en la ciudad: peatones, bicis, patinetes y vehículos de dos ruedas. Aunque también los sufren los propios trabajadores y autónomos contratados para esta actividad.
En el sistema seguro, el principio de redundancia viene a decir que las partes se complementan; y un buen complemento sería si los usuarios y clientes de este nuevo paradigma de la movilidad, exigiéramos un modelo más seguro, posiblemente con implicación en el coste del propio servicio. Es decir, o pagamos más por ello o no será lo seguro que nos gustaría. Exigiendo obviamente a las empresas un compromiso cierto.