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Hipocresía con las muertes por “accidentes”

El siniestro de los trenes Alvia e Iryo se ha saldado por el momento con 45 vidas perdidas, esperando que los heridos en estado crítico mejoren. Además, heridos hasta completar un total de 195 damnificados.

Otra vida perdida en el siniestro de Rodalies.

Esta mañana se actualizaba la cifra de fallecidos en siniestros viales al jueves 22 de enero: 44 víctimas mortales. Los heridos con ingreso hospitalario suelen multiplicar por cuatro las cifras de fallecidos. Por lo tanto, aunque no se dan cifras oficiales hasta los balances de la DGT, podemos considerar que más de 160 personas han resultado lesionadas de cierta gravedad.

Estamos viendo una hipocresía que se continúa en el tiempo en relación con los siniestros viales. La mínima repercusión mediática en relación con la lógica concentración de información y opinión en caso de catástrofes. Ya escribí sobre esto con la también presente DANA de octubre de 2024.

Solo nos llega la catástrofe y se genera una alarma social que no vemos con la siniestralidad vial. En tráfico fallecen entre 1.700 y 1.800 personas al año. Porque lo que conocimos a primeros de mes fue el balance en carreteras (1.119 muertes), faltando los datos de ciudades, que suelen ser una de cada tres víctimas.

Análisis científico de la Siniestralidad 

Solo con que se emplearan al año los medios que se están y se van a utilizar para el siniestro de Adamuz, podríamos obtener una información muy valiosa para la prevención n nuestras carreteras. Los atestados de la Guardia Civil o policías locales apenas recogen datos y manifestaciones de los implicados en aras de reflejar una culpabilidad en el factor humano, el conductor o usuario de la vía, con la que se pueden gestionar de forma ágil las coberturas del seguro obligatorio de automóviles: la responsabilidad civil. 

Pero falta ciencia. Máxime con lo que considero un requerimiento imprescindible del Sistema Seguro que parte de la premisa del error humano y nuestra debilidad física.

No tenemos una investigación de los siniestros viales que nos permita acudir a palancas de prevención para mitigar la siniestralidad. 

¿Por qué?

Hipocresía social

Porque aceptamos la necesaria movilidad diaria de las cuatro ruedas, al igual que la del transporte público, bien rodado por el asfalto bien por la línea férrea. Sin duda es un factor económico importante el transporte. 

Pero nos escandalizamos del fallo de los servicios públicos o privados de transporte ante sus grandes siniestros, cuando la siniestralidad es mínima en comparación con los vehículos a motor. Porque tenemos un chivo expiatorio, el conductor, el motorista, el ciclista, el peatón…, pero es rarísimo pedir responsabilidades a las administraciones públicas, salvo ante situaciones que inspiran más a los medios como la polémica en la baliza V16.

En este siniestro de Adamuz, posiblemente también en con el de Gelida (Rodalies) en breve los políticos y administraciones públicas empezarán a tirarse los trastos a la cabeza.

Y la experiencia de la DANA en Valencia es un hecho: cuánto sabemos de las comisiones de investigación y responsabilidades de políticos y administradores y que poco sobre las medidas a tomar y las circunstancias que pudieron provocar el colapso de los barrancos.

La política y la ciudadanía 

Porque pretendemos de los políticos y administraciones un comportamiento sobresaliente técnicamente ante eventos catastróficos que no se pueden siquiera prever por los expertos en ciencia, al menos en intensidad y momento.

Además les exigimos que sepan y comuniquen como ingenieros, juristas o periodistas. Y no, son administradores que lo que tienen que hacer es cumplir programas políticos en combinación con administrar un presupuesto necesario para que los ciudadanos, como suelen decir, para que las cosas que importan a la gente, se realicen.

Y los ciudadanos tenemos mucho de responsabilidad, in eligendo, porque con los trenes y catástrofes nos cabreamos, pero con los siniestros viales nos lamentamos, salvo que nos digan sobre V16 o multas, entonces nos enfadamos.

Mientras tanto, casi 2.000 muertes injustas, porque incluso a las que se las declara responsables, la gran mayoría no lo son, son también víctimas de un sistema que no les protege, que no nos protege.

Lo dicho, somos unos hipócritas respecto de la tragedia de los siniestros viales.

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