Con esta entrega de #SistemaSeguroRvS ofrezco un giro sobre la finalidad de esta sección.
Pasaré a noticias o contenidos que, en vez de tener que ver con siniestros viales y hechos de la circulación, estarán asociados a iniciativas y propuestas alejadas del omnipresente factor humano como justificación de la siniestralidad. Porque el Sistema Seguro, ya sabéis, parte de la premisa del error humano, tanto en su versión pericia como en su modelo imprudencia.
Y mi propuesta sería que los radares no fueran avisados
En la pasada sección #hemerotecaRvS recordaba los 20 años del carné por puntos. Hay “fatiga de materiales” en los planes de seguridad vial. No se están haciendo propuestas de impacto y creo que necesitamos medidas estrella, como pudo ocurrir con el plan 2005-2008: 20 años de control de la velocidad
Mi proposición sería la siguiente:
- No avisar los radares
- El sistema de sanción sería aleatorio, manejado por la IA en base a algoritmos para no superar en ningún caso el actual volumen de sanciones. Así se fortalece el argumento de no perseguir afán recaudatorio con este modelo de control
- Y estos radares servirían también para más situaciones de riesgo diferentes a la velocidad: la distancia de seguridad o el uso del carril izquierdo
Creo que estamos en un punto del desarrollo tecnológico que lo permitiría.
¿Por qué se avisan los radares?, ¿por justicia?
Se supone que por transparencia y por no incurrir en el afán recaudatorio, pero desde mi punto de vista se convierte en una medida que, si bien pudo tener su impacto positivo, que aún puede persistir, no llega a eliminar el “truco” de los más veloces e imprudentes de levantar el pie ante los avisos de navegadores o la propia señalización.
Es decir, no me parce que sea justo. Los radares de tramo tampoco me lo parecen porque no deja de ser un breve tiempo de velocidad adecuada a la vía, dentro de los muchos kilómetros que realizamos. Por qué la DGT considera que este tipo de radar de velocidad es el más «justo».
Sin embargo, al hilo de la justicia y equidad, este sistema de aviso permite medir a todos los conductores por igual; mi propuesta lo haría depender de un factor aleatorio que habría que salvar desde el prisma de su encaje jurídico; acerca del más complejo y filosófico “ser” y “deber ser” del Derecho.
La velocidad, solo una variable más de riesgo
Estamos basando la estrategia en la velocidad (dos de cada tres multas en carreteras; la siguiente en volumen, la ITV).
Sin embargo, no es ni la única ni la más determinante para mí. Por mi experiencia, creo que distancia de seguridad y las distracciones son más determinantes en autovías y carreteras convencionales respectivamente. Aunque obviamente la velocidad puede estar también presente. DGT – La velocidad, presente en 1 de cada 4 siniestros mortales en carretera en 2024
La coerción
Sin embargo, los radares hacen que nos sintamos vigilados y coartados. En definitiva, el carácter coercitivo que tienen nuestras normas para frenar comportamientos que consideramos improcedentes. Por eso el carné por puntos pudo tener sus efectos y ha tenido los mayores elogios en la primera década de su implementación. Sin duda que el principal sujeto que nos hace levantar el pie y atender a la circulación es el guardia civil de tráfico, que, por cierto, además de agradecer su arriesgado trabajo, deberíamos apostar por su mayor presencia.
Así pues, solo pido que quitemos el tricornio de todas aquellas plataformas en las que tenemos una cámara vigilante.
En un plan coordinado
Seguro que una iniciativa de esta entidad debe ir acompañada de otras; en definitiva, un plan coordinado. Así lo comentaba esta misma semana en otra entrega. Hay muchas más iniciativas que iré plasmando en esta sección mensual. Junto más acompañamiento, la estrategia en el control mediante radares podría representar un elemento de vigilancia sobre ese factor humano al que la formación, concienciación y sensibilización no alcanzan.
Y sé que no será del favor de muchos lectores, posiblemente tampoco de técnicos de la administración (DGT), pero creo que estamos en el momento de tener medidas diferentes para conseguir resultados distintos.
Feliz tarde de domingo, primer día de febrero de 2026
