Entre la comodidad y la vida

Otra conclusión y certeza que nos ha mostrado el apagón del lunes pasado. Nos afecta más la incomodidad que el riesgo por la vida.
Obviamente la repercusión mediática que ha causado la situación de falta de electricidad ha llenado, y lo sigue haciendo, la casi totalidad del espacio informativo a nivel nacional.
Noticias como la que ilustra esta entrega de #SistemaSeguroRvS apenas tienen un espacio muy breve. Lo que han colmado los noticiables han sido los flujos de personas que anduvieron por las calles con grandes, en ocasiones graves, incomodidades y situaciones de movilidad caótica a la que no estamos acostumbrados salvo por lo que de forma acotada en el espacio puede generar un siniestro grave, un atasco de grandes dimensiones o una gran tormenta que paralice las carreteras.
El caso es que las personas que fallecen pasan desapercibidas. Incluso en breve se estará a la búsqueda de responsables más que a la identificación de las causas y se discutirá sobre medidas a tomar más ideologizadas que técnicas.
En el caso de la DANA fueron más de doscientas veinte las personas fallecidas, pero no hacemos más que ver en los noticiables, meses después, viviendas que no acaban de estar operativas, miles de coches pendientes de derivar a los centros de tratamiento como residuo, infraestructuras por reconstruir, mobiliario urbano por reponer e indemnizaciones por resolver, no tanto las de los seguros, más bien las que la administración pública prometió. Insisto, 227 personas fallecidas. Pero, ¿y sobre de las víctimas y damnificados?, ¿qué sobre las acciones preventivas para que no vuelva suceder una tragedia similar?
Pues sepan que en siniestros viales contamos con mil ochocientas personas fallecidas al año, con actualizaciones casi diarias de la DGT en carreteras. Y en suicidios casi multiplicamos por tres las cifras de vidas perdidas por el tráfico. Incluso los fallecidos por incendio pasan desapercibidos, más allá de la noticia como suceso del día posterior (249 personas en 2023).
Perdemos la vida por segundos, por momentos de prisa, por despistes y distracciones…crisis de salud mental y por muchas otras tantas circunstancias que podrían ser evitadas.
Vivimos en una sociedad que prima la movilidad a la seguridad…llegar al trabajo a tiempo en una ciudad con el riesgo de causar daño a un peatón o motorista vulnerable. Queremos ganarles una hora a nuestras más de dos semanas de vacaciones. Eso sí, como haya un retraso en los aeropuertos en días de desplazamiento masivo vacacional, se abren todos los noticiables.
En definitiva, queremos comodidad más que seguridad. Y este es el problema, porque contraponemos una a la otra. Cuando deberían ir de la mano. Decidimos tener una mayor comodidad a costa de asumir riesgos que no deberíamos asumir y los aceptamos al modo de un premio de lotería azaroso.
Hemos preparado un sistema para la movilidad que acepta esas 1.800 muertes anuales y las lesiones graves que multiplican por cuatro los fallecimientos. De lo contrario no es entendible que aceptemos un sistema tan lesivo para la vida de las personas, sobre todo cuando tenemos una causa tan directa de la muerte como es el comportamiento al volante. De nuestra propia muerte y de la de personas ajenas que no son siquiera responsables de una actitud imprudente.
Y esto sucede porque ante un hecho como el del apagón se piden dimisiones, responsabilidades políticas, se pondrán mecanismos para que no vuelva a suceder, revisando y analizando los protocolos actuales para corregir lo que corresponda. Se pedirán responsabilidades más allá incluso de la imprudencia o incompetencia de los responsables particulares de la situación, el error humano, si es que este se ha producido o se puede personalizar. ¿Vemos algo similar en los siniestros viales? Os respondo yo: no. Aceptamos este peaje por disponer de un medio de movilidad cómodo a nivel personal, siendo un potente factor económico y de desarrollo a escala de sociedad.
Posiblemente es algo que trasciende a nuestro devenir como especie: el riesgo y los comportamientos arriesgados. Pero lo que nos hace ser diferentes es el tener la suficiente capacidad de raciocinio para determinar lo que no deberíamos permitir (como por ejemplo ha ocurrido, y viene sucediendo, con la protección a los trabajadores). Incluso con los siniestralidad vial hasta 2014 hemos tenido una senda de mejora. Pero llevamos una década que desde luego no podemos considerar como de «Sistema Seguro», como foco de la estrategia de la administración pública.
Y las 1.800 muertes anuales por la circulación de vehículos debería ser algo inasumible, por todas las bondades de la movilidad que, además, no siempre es tan cómoda (atascos).
