De vacaciones en Galicia, alojado en Portugal, no puedo evitar recordar la situación de los incendios del pasado verano.
Por eso os dejo el enlace a lo que escribí entonces. Encontraréis más de un paralelismo con el momento actual.
Sigo en fase de propuestas. Si el mes pasado planteaba la creación de un Observatorio Nacional de Movilidad Segura, hoy voy un paso más allá: propongo la creación de un organismo específico para la gestión y ejecución de planes de acción en seguridad vial. Un ente independiente, posiblemente con gestión privada – no tanto en la titularidad como en la metodología -, orientado a resultados.
Porque es evidente que los incendios se apagan, pero los rescoldos permanecen.
“Rescoldar” es reavivar el fuego removiendo sus brasas, con la posibilidad de generar de nuevo la llama según el combustible disponible. Si no encontráis el paralelismo con la acción política actual, os invito a reflexionar.
La RAE ofrece además otra acepción de “rescoldo”: “escozor, recelo, escrúpulo”. ¿No encaja también con muchas intervenciones públicas? Y aún hay una tercera: “residuo de un sentimiento o afecto”. En nuestro caso, la división social que permanece tras cada crisis.
Mientras escribo este artículo, se desarrolla la crisis de Ceuta. Otro ejemplo más, aunque aquí con un componente claramente estatal. Hay cuestiones que no admiten delegación.
Sin embargo, en muchos ámbitos cotidianos, la gestión pública condicionada por intereses políticos demuestra claras limitaciones. Los resultados, en demasiadas ocasiones, hablan por sí solos.
Mi campo es la seguridad vial y la prevención de siniestros, pero el paralelismo con los incendios es evidente. Un organismo independiente, centrado en reducir la siniestralidad y ejecutar planes eficaces, podría marcar la diferencia. La administración debería garantizar los recursos necesarios para afrontar una realidad inasumible: alrededor de 1.800 muertes anuales derivadas de la “movilidad insegura”.
Porque lo primero es evitar muertes.
Observad el contraste mediático: incendios con víctimas mortales frente a otros sin ellas. La cobertura debería cambiar radicalmente. Pues no es así. Fijaros en el pasado de Almería (catorce fallecidos) y en el recién apagado de la comarca aledaña entre Toledo, Avila y Madrid. Intuyo el motivo, pero entrar en ello sería volver a atizar la brasa, y precisamente defiendo lo contrario.
Somos, en cierto modo, hipócritas. Ya lo señalé el año pasado al comparar la atención entre DANA e incendios. Las vidas perdidas se olvidan con rapidez y el debate político ocupa su lugar, muchas veces sin base técnica ni respeto por el duelo (ni las primeras 24 horas).
En seguridad vial, la situación es aún más preocupante. Las muertes y lesiones graves se suceden sin generar un debate proporcional. ¿Nos hemos acostumbrado? Siempre me ha sorprendido que este ámbito no sea central en la agenda política, pese a su enorme impacto humano. Parece que hemos hecho callo.
Quizá su principal ventaja – o paradoja – es que no está tan condicionado por ideologías. O no debería estarlo. La ideología es necesaria, pero también lo es el análisis crítico.
El factor mediático tampoco ayuda. La siniestralidad vial rara vez ocupa titulares más allá de unos minutos. Aparece en secciones de sucesos o en notas institucionales, con escasa profundidad. Solo medidas puntuales, como la V-16, logran cierta atención… probablemente porque generan debate fácil.
Volviendo a la propuesta: para mejorar la gestión y asumir responsabilidades reales, considero necesario apostar por modelos más ágiles y orientados a resultados, similares a los del ámbito privado, pero con vocación pública.
Por ello lanzo una idea: MOVERSE (Movilidad Especializada de Recursos y Servicios Estatales).
Ahí lo dejo.
Y, por último, otro paralelismo. En el reciente incendio originado por un vehículo en la M-501, no puedo evitar pensar en la responsabilidad civil del seguro. Me imagino cómo debe estar el responsable técnico de la aseguradora que debe reservar las consecuencias del siniestro.
En definitiva, factor humano, mantenimiento de máquinas e infraestructuras… Los elementos coinciden con los de la siniestralidad vial.
Al final, todo – o casi todo – se resume, en una palabra: prevención. Hay que MOVERSE 😉 Feliz fin de semana.
